Los probióticos son microorganismos vivos que administrados en cantidades adecuadas son capaces de conferir un beneficio para la salud.
Origen de los probióticos
El origen del uso de determinadas bacterias con objeto de mejorar la salud se remonta a principios del siglo XX, cuando Metchnikoff en 1908 identificó el Bulgarian bacillus como responsable de la longevidad de la población búlgara.
No fue hasta 1956, cuando apareció el término ‘probiótico’, como antónimo de ‘antibiótico’, propuesto inicialmente por Lilley y Stillwell.
El primer probiótico
Pero la primera especie de probiótico introducida en investigación fue el Lactobacillus acidophilus por Hull et al. en 1984 y el Bifidobacterium bifidum por Holcombh et al. en 1991 (Tanboga et al. 2003).
Las investigaciones llevaron a la conclusión de que algunos de los efectos beneficiosos que aportan los probióticos son específicos de una cepa, otros son comunes a una especie y otros son comunes a un género. También se llegó a la conclusión de que determinadas especies o cepas centraban su efecto sobre algún órgano; por ejemplo, el Lactobacillus rhamnosus GG tiene efecto beneficioso sobre el intestino y el hígado, o el Bifidobacterium longum 1714 tiene un efecto modulador del estrés (Allen et al., 2016). Así, nació el concepto de psicobiótico, para referirse a los probióticos con efecto sobre la salud mental.
Existen unos probióticos espefícos:
Los psicobióticos: bacterias beneficiosas (probióticos) o apoyo para dichas bacterias (prebióticos) que influyen en las relaciones bacterias-cerebro. Las Bifidobacterias producen el ácido gamma-aminobutírico (GABA); los Enterococcus y los Streptococcus producen serotonina; el género Escherichia es capaz de producir noradrenalina y serotonina, mientras los Lactobacillus producen GABA y acetilcolina (Kadosh et al. 2021).
Los gerobióticos: este término propuesto por Tsai et al., en 2021 para definir aquellas cepas probióticas específicas que pueden reducir los procesos fisiológicos de envejecimiento y aquellas cepas probióticas y sus posbióticos y paraprobióticos derivados que pueden atenuar beneficiosamente los mecanismos fundamentales del envejecimiento, reducir los procesos fisiológicos de envejecimiento y, por lo tanto, ampliar la duración de la salud del huésped.